¿Por qué?

Ayer, en el ferry de vuelta a España, había un grupo de 4 – 5 muchachas, jóvenes, guapas, con sus uñas a lo Rosalía, sus tatuaje de un corazón en la mano, que hablaban de lo divino y de lo humano, cuando empezaron a hablar de «las gordas».

No pude evitar pegar el oído, obviamente, porque estoy gorda y el tema me interesa. Comentarios del tipo: «la gorda de mi trabajo me ha dicho que está deseando que llegue el verano para enseñar la tripa, que para eso se hizo el piercing y me da asco sólo de pensarlo», «¿es que no sienten vergüenza de salir a la calle enseñando su culo lleno de celulitis?» o «yo respeto a todo el mundo pero a veces siento ganas de vomitar, cuando veo a las gordas enseñando su cuerpo por ahí sin complejos». Sentí pena, rabia y cierto desconcierto. ¿Hemos avanzado tan poquito? Entiendo que vivimos en las redes sociales y que todos queremos ser guapos, pero, ahora mismo hay muchísima diversidad respecto a cánones de belleza, hay mensajes de «body positive»…

Yo no voy a mentir, claro que quiero tener un cuerpo delgado y esbelto, claro que lo intento (no con mucho éxito, por cierto) pero no creo que la solución sea sentir asco hacia mi, no creo que avergonzarme de mi misma me vaya a ayudar en nada. ¿Juzgo a la gente? Claro, no soy un ser de luz, pero intento no hacerlo. De hecho admiro a esa gente que se ve guapa aunque a mi juicio vayan hechos un adefesio. Me encantaría subir fotos donde me veo hecha una foca o un orco de mordor, pero no tengo tanta seguridad en mi misma y después de mi escucha a la conversación de ayer, peor todavía. Porque cuando tienes un «cuerpo no normativo» a veces sientes que la gente te mira y te juzga (que a lo mejor no todo el mundo lo hace) y puedes llegar a limitar tus salidas porque no quieres que la gente te mire.

Después de 3 párrafos, lo único que quiero es que seais más persona y menos chusma.

Who knows?

Mi 2018 y mi 2019 fueron años hiper jodidos, no me escondo.

El 2018 fue el año donde me enfrenté a una dura ruptura, donde un gran amigo falleció, donde tuve que aprender a curarme las heridas emocionales. 2019 fue un año de sustos de salud y de trabajar como una hija de la gran puta. Trabajé horas de más y hubo momentos en los que sentí que iba a reventar.

Llegamos a 2020 y por ahora no me puedo quejar. No me puedo quejar porque muchas heridas se terminaron de cerrar a finales del año pasado, porque la salud me está respetando y porque aún no han empezado a joderme en el curro (en dos semanas hablamos)

Me estoy dando cuenta de que es un buen momento y pienso disfrutarlo, como un caramelo, como un bocata de nocilla, como unos noodles, como un baño de agua casi hirviendo, como un masaje con aceite caliente, como un beso apasionado.

Supongo que todos los dramas que he vivido en mi vida hace que le dé tanta importancia a momentos como éste. También es cierto que con todo lo dañada que estoy, es complicado mantener el equilibrio entre mi loca del higo interior y mis ilusiones.

Mi consejo, el que os doy desde este rincón perdido de internet, es que disfrutéis y mantengáis siempre una moderada llama de esperanza, porque, nunca se sabe.

Absurdo

Vivir exige valentía y algo de inconsciencia.

Todo cambia en un momento, todo puede pasar, lo mejor y lo peor. Da igual lo que esperes, siempre habrá un giro, una pirueta, un salto al vacío.

A veces la vida te da un susto, te acojona y te toca esperar a ver qué es lo que va a pasar. Puta incertidumbre, siempre jodiendo.

No sé qué va a pasar, nadie lo sabe y sin embargo actuamos como si tuviéramos un plan, como si todo estuviera en nuestras manos. Que absurdo todo.

Kiss Kiss

Los besos, a veces duelen y, aún así, me encanta besar. Y supongo que eso resume mi vida y mi filosofía vital.

La vida duele y aun así me encanta vivirla. Y mi vida, por muy desastrosa e imperfecta que sea, es mía.

Es curioso como en Navidad suelo sentir envidia, de mis amigas principalmente, por tener familias estupendas, novios y suegras adorables que les regalan de todo. Envidio que no tengan que trabajar festivos y me da por culo sentirme la amiga pringada cuya madre está muerta, que está soltera y que trabaja como una mula. Lo curioso del tema es que no creo que me cambiase por ninguna.

Supongo que por fin estoy aprendiendo a quererme, a sentirme un poquito más a gusto en mis zapatos, a darme cuenta de mis cualidades y dejar de mirarme con ojos únicamente críticos. Quizás estoy consiguiendo todas esas cosas porque he soltado lastre. Es una putada darte cuenta de que la persona a la que más has querido nunca era una persona que no te convenía y que lo mejor que ha podido pasar es que vuestra relación acabase.

No voy a decir que la soledad siempre sea fácil, pero quizás, a veces, es necesaria.

Historias de Tinder

Después de unos meses soltera me decidí a abrirme un perfil en Tinder. La verdad es que con amigas casadas y con niños (o en búsqueda activa de churumbel) y un trabajo a turnos, es complicado conocer a gente.

Creo que mi perfil de tinder refleja bastante bien quien soy. Salgo mona en las fotos pero no son una estafa (no llevo 500 filtros) y además hablo (me dan por el ojete las personas que sólo ponen fotos y no cuentan nada).

En estos meses he quedado con mucha gente, cosa que no reconozco, porque aunque no me he liado con casi nadie, los tíos se sienten intimidados si les cuentas que has conocido a bastantes. He quedado con tantos porque yo tengo pocos filtros. Es decir, como no estoy en «búsqueda activa de pareja» sino que lo he usado como manera de conocer personas y para salir cuando me aburría en casa no he sentido la necesidad de ser exigente. He quedado con gente con la que apenas había hablado, con gente que por foto parecía fea (a veces han sido peor y otras me he llevado agradables sorpresas) y en general he tenido «citas» estupendas y algunas que han durado lo que he tardado en terminarme la bebida.

Hace poco quedé para un café con un jovencito y hablando hablando le conté alguna de las anécdotas y me dijo que no sabía cómo seguía quedando con gente despúes de las cosas que me habían pasado. Me sorprende que él se traumatice más que yo, que he sido la protagonista de la historia. Supongo que es algo bueno que tengo, a pesar de los palos recibidos en la vida, sigo tomándome las cosas con deportividad.

Luego está el hecho de que tengo un montón de anécdotas y que me hacen reír un montón. Me gustaría ponerlas aquí, pero me da una pereza tremenda transcribirlas, además de que creo que pierden gracia sin la entonación adecuada. No descarto compartirlas con vosotros, al menos las más graciosas.

Móvil Down

La vida es que en un día súper divertido, en el último momento, tu móvil se caiga y se escoñe. La verdad es que es en otras circunstancias estaría rasgándome las vestiduras, pero supongo que estoy relativizando y que tampoco es que pueda hacer mucho un domingo por la tarde.

Veo pasar el domingo y dejo que la resaca se escape, no necesito esa compañía. Mi gato suspira a mi lado y yo no puedo evitar sonreír, porque la vida también es sonreír en los malos momentos.

A veces, lo mejor que te puede pasar es perder a gente que quieres pero que te hace mal. Quizás lo mejor del mundo es tener un gato. Tal vez crecer siempre duele.

Ni un paso atrás.

Mientras mi gato me observa pienso en todo el tiempo que llevo sin escribir.

¿Por qué ya no lo hago? ¿Es la falta de tiempo? ¿La falta de lectores? ¿la inexistencia de inspiración? ¿la vida que pasa?. Supongo que los motivos son múltiples. Probablemente es como todo, cuanto menos lo haces más te cuesta. Y sin embargo me aferro a este rincón del ciber espacio. Este rincón que siento mío. Este diario que me ha visto crecer y llorar y sufrir y amar.

No pienso renunciar a él, aunque no lo cuide lo suficiente. No pienso perder mi historia y quien he sido, quien soy.

Arcoiris

Lo bueno de llorar mucho es que llega un momento en que la pena se acaba y no se puede llorar más. Las lágrimas tienen un efecto curativo, desinfectan, se comen la mierda putrefacta que nos ha infectado el corazón y cuando al final uno está limpio y vacío de ponzoña, uno está preparado para ser feliz.

Desde la distancia se aprecia mejor esa travesía en el desierto que casi acaba con uno mismo y comienzan las preguntas ¿por qué?, ¿por qué se toleró lo intolerable?, ¿de verdad el amor tiene que tener un coste tan alto?, ¿de qué manera hubiera podido hacer las cosas mejor?…

Los días malos siempre van a existir pero también los buenos. Porque al final, la vida sigue, aunque nosotros no nos demos cuenta.

Día 1 después de A

Cada final es un nuevo comienzo. Me voy a tatuar esa frase (en varios sitios)

Mientras escucho música no deprimente mi mente repite frases positivas en bucle. La realidad es que pese a mi juventud ya he vivido muchos malos momentos y he salido victoriosa (y herida) de esos momentos.

No sé si me irá mejor o peor, lo que está claro es que lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Y la verdad es que si te quedas con lo malo conocido, nunca tendrás la oportunidad de disfrutar de algo bueno.