Café caliente

Miró su cafetera nueva, nueva y roja, roja y blanca. No podría dejar de mirarla porque no dejaba de resultar curioso que justo se hubiera roto la antigua (la de su ex) justo cuando hacía un año de su ruptura.

El tiempo va borrando las huellas, va destruyendo los recuerdos y va aflojando las cadenas, como el refranero popular dice «no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo aguante». Menos mal.

De nuevo su mirada se desvía a la puñetera cafetera que es preciosa. De nuevo su mente vuela. El tiempo da perspectiva, un año, 365 días. Muchísimas vivencias, mucho crecimiento y mucho dolor. Una amiga siempre dice que el dolor da profundidad, ella tiene la sensación de ser una sima.

Le estaban entrando ganas de un café de tanto mirar la cafetera, pero no podía ser, porque era tarde y al día siguiente tenía un viaje. Iba a ser una experiencia, el último viaje fue con su ex y fue un desastre. Lo bueno de viajar con su ex es que las últimas veces «todo es una mierda», así que tenía un entrenamiento para adaptarse a viajar con otras personas.

En este momento además de pasarlo bien en el viaje (imprescindible) tmbién quería ir guapa, quería sentirse guapa, necesitaba sentirse guapa. Así que mientras terminaba de hacer la maleta se había puesto una mascarilla. Mañana iba a ser un gran día.

Dolor de tripa, nervios, expectativas, un nuevo viaje.

Hace año comenzó un viaje, con menos lastre y con la sonrisa puesta a pesar del dolor, porque ya conocemos el dicho «mejor sola, que mal acompañada»

Fer- Pecto

Hubo una vez un maestro juguetero que hacía muñecas preciosas, de ojos grandes y pelo sedoso, de sonrisas de fresa y hoyuelos que destilaban inocencia. Todos los papás y las mamás querían una muñeca de este juguetero, las deseaban y luchaban por ellas.

Un día, el magnífico artesano, creando una de sus obras de arte cometió un error. Creó una muñeca imperfecta con pecas. Desde el momento en que la vió la odió y aunque no le dijo nada a la muñeca ésta lo supo. Ser una muñeca imperfecta entre obras de arte es duro y nuestra (imperfecta) protagonista sufría.

Milagros compartió escaparate con cientos de muñecas, nadie se fijaba en ella y el tiempo pasaba… hasta que una mañana de otoño, una niña de ojos negros se fijó en ese escaparate y decidió adoptarla. Esta niña hermosa había ahorrado durante mucho tiempo y nada más ver a Milagros, se enamoró. Lupita (nuestra pequeña ahorradora) adoraba a Mila porque era diferente, era bonita, era graciosa y era única, el problema es que la muñequita se sentía fea y dañada, creía que no merecía ser amada porque sólo se quiere lo que es perfecto.

Esta historia no tiene final (ni feliz, ni dramático), pero tiene una pregunta ¿eres perfect@?

A corazón abierto

Hace tiempo me hicieron un regalo, un regalo precioso, cálido, tierno… si se pudiera comparar con algo diría que era como un gato: una bolita de pelo, que transmite calor y amor. Me sentía feliz con esa bolita de luz que me calentaba el corazon. Era extraño, porque nunca había sentido algo tan bonito y me parecía magía, quizás, era simplemente amor.

Un día, un día feo, un día gris, un día negro y frío, un día lluvioso, viniste y me lo quitaste. Como una niña mala me fui al rincón de pensar sin comprender nada. Traté de que me lo devolvieras portándome bien, mejor que nunca, hacía mis deberes, no rechistaba cuando me regañabas, pero nada. Luego intenté conseguirlo por las malas, vinieron mis berrinches, mi ira, mis llantos, mis berridos, mis enfados. Cuando eso tampoco surtió efecto empecé a construir un muro, ladrillo a ladrillo. El ladrillo de «no quiero que me hagas daño», el de «me has hecho daño», también está el de «me has decepcionado», no podemos olvidar el de «no te entiendo» y por supuesto el de «estoy cansada, lucha por mi».

En todo este tiempo las preguntas han caido como gotas de lluvia en un aguacero y sin embargo no ha llegado ninguna respuesta. Nado entre incognitas y no soy capaz de llegar a ningún puerto. Navego en el desconcierto y tus negativas son mi timón. No saber qué pasó, qué te pasó y asumir que nunca lo sabré, que pedazo de mierda.

Aquí está mi niña interior esperando que vengan los Reyes Magos con esa bolita de luz que iluminaba mi corazón, espero que tú ejerzas de paje, porque la verdad, es que te echo de menos.

>:(

Te haces mayor cuando el cerebro es capaz de enmudecer al corazón.

Que complicado es ser adulto, que duro asumir que a veces hablar no sirve para nada, al menos nada bueno.

Que horror más horroroso aprender a rendirse.

Que pena cuando lo silencios nos ahogan.

Que innecesario se vuelve sentir y que indespensable aprender a fingir.

Que asco.

Buenos días enero

Soy una mujer complicada, nunca lo he querido esconder, creo. Me muestro como soy, quizás mi sobreexposición sea una manera de esconderme (¡ah! maravillosas contradicciones). La cuestión es que de un tiempo a esta parte me siento más como un nubarrón que como un sol, más un pescado que lleve 5 días a la intemperie que una manza, más «El Diario de Noa» que Amelie y eso no me gusta. El problema es que no tengo claro cómo cambiarlo ni cómo pedir ayuda.

Así que aquí estoy, a las 8 de la mañana, escuchando a Ismael Serrano, con el pijama puesto después de haber trabajado, intentando ordenar mis ideas, tratando de no vomitar sentimientos, evitando fustigarme, porque eso me ayuda poco. Trato de usar la razón porque ya sé que lo que hago siempre no me funciona, herirme, dañarme, castigarme, compararme sólo me hace sentirme peor, no estimulo mi espíritu de superación sino mi sensación de fracaso.

Cierro un momento los ojos, dejo que el calorcito del saquito que he calentado en el microondas me recorra y siento un placer puro, real, tangible. Se está tan bien en la cama, con el nórdico, aunque sea escribiendo cosas tristes. Quiero aferrarme a esa sensación, la dulce modorra, la calidez, la comodidad, necesito hacerlo porque tengo mucho trabajo que hacer. Trabajar conmigo misma, con mi autoestima, con mi forma de procesar lo que me sucede, con lo que quiero y con los que quiero.

Siento una pequeña punzada en el estómago recordando el día de ayer y el calor abandona mi cuerpo, juego con mis uñas a medio despintar y quiero huir de esa sensación. Releo lo escrito y me planteo si esto es un comienzo de algo bueno. Recompongo mis cachitos y esbozo una media sonrisa, quizás sea capaz de lograrlo.