Móvil Down

La vida es que en un día súper divertido, en el último momento, tu móvil se caiga y se escoñe. La verdad es que es en otras circunstancias estaría rasgándome las vestiduras, pero supongo que estoy relativizando y que tampoco es que pueda hacer mucho un domingo por la tarde.

Veo pasar el domingo y dejo que la resaca se escape, no necesito esa compañía. Mi gato suspira a mi lado y yo no puedo evitar sonreír, porque la vida también es sonreír en los malos momentos.

A veces, lo mejor que te puede pasar es perder a gente que quieres pero que te hace mal. Quizás lo mejor del mundo es tener un gato. Tal vez crecer siempre duele.

Ni un paso atrás.

Mientras mi gato me observa pienso en todo el tiempo que llevo sin escribir.

¿Por qué ya no lo hago? ¿Es la falta de tiempo? ¿La falta de lectores? ¿la inexistencia de inspiración? ¿la vida que pasa?. Supongo que los motivos son múltiples. Probablemente es como todo, cuanto menos lo haces más te cuesta. Y sin embargo me aferro a este rincón del ciber espacio. Este rincón que siento mío. Este diario que me ha visto crecer y llorar y sufrir y amar.

No pienso renunciar a él, aunque no lo cuide lo suficiente. No pienso perder mi historia y quien he sido, quien soy.

Todo llega, todo pasa

El otro día empecé a hacerme pajas mentales y me dediqué a repetirme eso, porque era la único que acallaba mis demonios. Todo llega. Todo pasa.

Tus demonios llegan a ti cuando tomas conciencia de ti mismo. Desde ese momento crecen contigo y los alimentas sin darte cuenta, les das galletitas llenas de miedo debajo de la mesa y se comen las migas de pan con rencor que caen al suelo. Lo bueno de crecer, es que si trabajas lo suficiente aprendes a verlos con claridad, a ponerlos a dieta cuando están engordando demasiado y son un lastre, aprendes a llevarlos, porque son una parte tuya.

Todo llega. Todo pasa. Este momento pasará y llegarán nuevos, con sus cosas buenas y sus cosas malas, con sus aprendizajes, sus caídas, sus sonrisas y sus lágrimas.

Todo llega. Todo pasa.

Arcoiris

Lo bueno de llorar mucho es que llega un momento en que la pena se acaba y no se puede llorar más. Las lágrimas tienen un efecto curativo, desinfectan, se comen la mierda putrefacta que nos ha infectado el corazón y cuando al final uno está limpio y vacío de ponzoña, uno está preparado para ser feliz.

Desde la distancia se aprecia mejor esa travesía en el desierto que casi acaba con uno mismo y comienzan las preguntas ¿por qué?, ¿por qué se toleró lo intolerable?, ¿de verdad el amor tiene que tener un coste tan alto?, ¿de qué manera hubiera podido hacer las cosas mejor?…

Los días malos siempre van a existir pero también los buenos. Porque al final, la vida sigue, aunque nosotros no nos demos cuenta.

Día 1 después de A

Cada final es un nuevo comienzo. Me voy a tatuar esa frase (en varios sitios)

Mientras escucho música no deprimente mi mente repite frases positivas en bucle. La realidad es que pese a mi juventud ya he vivido muchos malos momentos y he salido victoriosa (y herida) de esos momentos.

No sé si me irá mejor o peor, lo que está claro es que lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Y la verdad es que si te quedas con lo malo conocido, nunca tendrás la oportunidad de disfrutar de algo bueno.

"Cónocete a ti mismo"

En Delfos, un griego muy listo puso en el templo de Apolo «Conócete a ti mismo». Es curioso como uns de las más grandes verdades es conocida desde que la humanidad estaba en pañales y, aún así, seguimos ignorándolas.

Conocerse a uno mismo implica dolor, implica remover la mierda y una vez que has escarbado, sacar oro. Amarse a uno mismo es sólo real cuando amas tus partes feas. No, esto no va a ser un hilo en plan Jorge Bucay, va de saber por qué hacemos las cosas, por qué elegimos a las personas que nos rodean.

Asi que, conócete a ti mismo, quiérete a ti mismo y respétate mucho, porque nadie lo puede hacer por ti.