Esa vez que casi me atracan

Buceando un poco leí un artículo de una chica que contaba su experiencia con un drogadicto, y yo me he acordado de cuando casi me atracan.

La situación es la siguiente. Un caluroso verano de Sevilla. Había quedado a una hora muy mala, a las seis de la tarde, por lo que debía salir a las 5 para coger el autobús. Con un calor asfixiante, me encaminé por el descampado a la parada.

Mientras espero paciente, se acerca a mi, un hombre, a todas luces envejido por el consumo de drogas y me pregunta si alli para el autobús a lo que yo contesto que sí y pienso para mis adentros que para eso sirven las paradas de autobús, para que los autocares se detengan.

El absurdo se desencadena cuando el amable drogadicto me mira, me sonríe y haciendo caso omiso a mi bolso abierto y a mi móvil que sobresale me dice:

– «A ver niña, no chilles no salgas corriendo y dame todo el dinero que tengas»

A lo que yo pregunto con mi voz más repipi: «Disculpe, ¿qué ha dicho?

– Que ni chilles, ni salgas corriendo y me des todo el dinero

Al momento eché a correr. Asegurada de que no me estaba siguiendo me fui a la siguiente parada y cuando llegó el bus, allí estaba mi viejo drogadicto.

Sé que tuve suerte, y espero que todos los atracos que sufra en el futuro sean iguales.

No sé por qué será, pero cuando pensaba en la anécdota me parecía más gracioso.

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