Diario de una pelusa.

Ojalá una reducción de corazón, para no sentir. Es extraño como en ocasiones ser comprensivo significa guardar lo que sientes en el cajón de «ahora no» Tienes que comerte tus amargos sentimientos y comprender. Pero ¿quién te comprende a ti? ¿Quién cura tus heridas, con caricias, no con palabras?

Hay que entender, ser comprensivo, atender a razones, escuchar, confiar y creer, pero, yo pregunto ¿cuándo llega el momento de recibir? ¿para cuándo ese momento de completa felicidad donde vamos a poder hablar con libertad y donde nos va a tocar disfrutar?

¿Por qué? ¿por qué tengo que confiar? ¿por qué me toca tener fe? Yo quiero sentirme profundamente deseada, me muero porque a alguien se le salga el cariño por los ojos, con que me toquen con lascivia. Quiero que me hagan sentir como yo hago sentir y sin embargo me siento fea, inadecuada, desagradable, poco atractiva, vomitiva, repugnante, en definitiva siento que no soy lo suficientemente buena. Ser una pelusa grande y gorda es, definitivamente, una mierda.

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