Limpia

Alli estaba ella bajo el agua, con los ojos cerrados y sintiendo.

Sentía el agua caliente, casi abrasadora deslizándose por su piel, olía, su champú preferido mientras se aclaraba el pelo y sentía cosquillas cuando el jabón se deslizaba.

Decidida echó el gel de baño sobre su mano, ella no usaba esponja. Por algún motivo le encantaba deslizar sus manos resbaladizas por su cuerpo. Primero los brazos, luego el pecho y el estómago. Luego bajaba perezosa para luego deleitarse en sus nalgas que se convertían en seda resbaladiza. Continuaba por los muslos y las pantorrillas para terminar con la espalda.

Sus duchas no eran eternas, pero disfrutaba de cada instante, de cada milésima de segundo. Cuando llegaba la hora de salir cerraba el grifo y se enfrentaba al frío de fuera, pero lo hacía con otra actitud, se sentía feliz, llena de fuerzas y en paz con su cuerpo.

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