Acabo de tener una acalorada discusión por facebook por una muchacha que escribió lo siguiente: "Suben fotos en pelotas y después quieren que las traten como princesas y que les toque un caballero, no uno cualquiera. ARO."

Me asquea dicho comentario, lo siento, pero las personas tienen derecho a subir las fotos que quieran que siguen mereciendo respeto y amor. La persona que escribió esto no es un abuelo de 80 años, criado en el franquismo en el seno de una familia tradicional católica. Lo ha escrito una muchacha de veintipocos años que sube de manera habitual selfies poniendo morritos, con amigas que también lo hacen.

¿Qué le pasa a la juventud que va detrás de mi que son más sexistas que yo? ¿Es culpa de las redes sociales? ¿de los medios de comunicación? ¿qué coño pasa? Durante el debate he puesto el ejemplo de que en Afghanistán las mujeres que enseñan más que los ojos son consideradas unas guarras que merecen lo que les pase (que no deja de significar que no son merecedoras de respeto) Con el ejemplo trataba de que entiendese que si los cms de piel que una persona muestra son la medida del respeto que merece, eso varía en cada cultura, sociedad y momento y que ella, en otro lugar podría sufrir las consecuencias. Yo abogo porque a las personas se las respete, enseñen lo que enseñen, porque esa es la medida universal ¿eres persona? pues mereces respeto.

Me recuerda a una discusión que tuve en cierto foro con un niñato de 15 años que afirmaba que a las prostitutas no se las podía violar, si se las obligaba a hacer algo que no deseaban con pagar más dinero ya estaba el problema resuelto. Me costó un disgusto y romperme la cabeza contra el muro de la incomprensión y no llegué a nada con el descerebrado.

Criticar es sumamente fácil, lo sé, caigo en la trampa millones de veces, pero intento estar alerta. Creo que hace eones que no digo que esa tía es una guarra o puta (en el sentido de promiscua, en el sentido de mala persona lo digo millones de veces) y procuro no meterme con el físico de nadie, ni de hombres ni de mujeres. Es un ejercicio difícil, pero merece la pena intentarlo, aunque sea por vivir en un sitio mejor y porque se educa mejor mediante el ejemplo que con la palabra.

Buenos días y que nadie os joda la vida.