Hoy mientras pedaleaba en el gimnasio he visto a un sujeto que es colaborador de un programa de telecinco y he pensado que mi gimnasio es un lugar extraño donde te encuentras a ese tipo de sujetos pero también a cierto abogado que ha luchado contra la SGAE.

España es diferente, y a veces me da asquito. El otro día me encaminaba al trabajo y me encontré a tras patrullas de la guardia civil en un trayecto de 20 minutos, estaban ahí, en el cebreado, con la motito aparcada y sin hacer nada. Yo me moría de la curiosidad y no tardé en descubrir que el motivo de semejante despliegue era por una infanta que venía (parece ser) para entregarle un regalo a la duquesa de Alba. Esto es la releche, no hay dinero para nada pero sí que hay pasta para movilizar a no sé cuántos agentes para cortar la carretera porque viene una infanta. Tiene cojones y me los toca, con la que cae y tengo que aguantar que se malgaste el dinero, mi dinero porque sale de mis impuestos, como supongo que el regalo que le traerían a la dichosa duquesa. Mientras tanto, en una empresa de la competencia con la que compartimos edificio han despedido improcedentemente a una chiquilla que llevaba doce años en la empresa, y los delegados sindicales en vez de quemar la empresa han dicho que hay que bajarse las horas para que no echen a más gente.

No sé cómo acabaremos pero la cosa no pinta bien, aunque yo por el momento no me puedo quejar, tengo dinero para mantenerme, pagar mis necesidades y permitirme algún que otro capricho (como aprender alemán) No puedo evitar sentirme preocupada por el futuro de este país, donde parece que votar es entregar tu vida durante cuatro años y donde se nos olvida que el poder está en manos de los ciudadanos