Léeme los labiosLéeme los labios

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lunes 30 octubre 2017

Disfraces

No me gusta disfrazarme, ni en carnaval ni en Halloween. Puede que sea mi absurdo sentido del ridículo, mi incapacidad para encontrar un disfraz o quizás que trabajando de cara al público llevo una careta todos los días.

La vida es un baile de máscaras y cada cual lleva la suya. En este mundo loco, saber si vas disfrazado de tigre o de cordero es una ventaja. Me considero una persona contradictoria. Un día creo ser más simple que el mecanismo de un botijo y al día siguiente me siento una caja puzle japonesa. A veces creo ser un gorrión con el alita rota que se ha caído del nido y necesita algodones y en ocasiones me siento fuerte como un escarabajo pelotero. Quizás es que cada día y dependiendo del reto soy una cosa u otra.

Lo que tengo claro de mi misma es que soy una superviviente ¿y tú? ¿qué eres?

miércoles 25 octubre 2017

Limpieza

Estoy haciendo limpieza, la que fue mi casa desde los 8 años va a dejar de ser mía. Vivimos mucho tiempo de alquiler y es el fin de una etapa. Se avecinan cambios y sobretodo toca deshacerse de trastos, papeles, juguetes, ropa y diversos objetos.

Hoy han caído tres bolsas de basura y una bolsa entera de ropa y voy a regalar un peluche que me encantaba. Lo que ha sido una mina de oro han sido mis diarios. Sí, he escrito muchos diarios, cartas, notas... (eso y las huchas son mi debilidad). En uno de ellos, con 9 años, hablaba de mi padre con muchas faltas de ortografía y un lenguaje impropio de mi edad.

Me pregunto si siempre he sido una vieja, incluso cuando era una niña, si siempre he pensado demasiado, si siempre he sido como soy. A lo mejor soy un baifo (cabra) muy obstinado.

sábado 14 octubre 2017

Chichitas.

No hay nada como encontrarte a tu dietista que has abandonado para volver a motivarte.

Soy una gorda.

viernes 13 octubre 2017

Thinking out loud

Siempre he sido una persona con exceso de pensamientos. Me salen por las orejas, además no tienen porqué ser coherentes, divertidos o inteligentes, son ideas, a veces absurdas, irracionales y emocionales. El problema es que últimamente pienso más y peor, me cuesta concentrarme y centrarme. Estoy en un momento de mi vida en el que yo ya no me veo capaz de hacer algo como aprender un nuevo idioma o sentarme a escribir como antes. Quizás es el momento de volver a entrenar mi mente.

Buenas tardes, cochinillos del averno.

jueves 12 octubre 2017

Cabo Verde

C

Esta primera semana de septiembre estuve en Cabo Verde, en tres de sus islas: Santiago, Sao Vicente y en Sal. He ido sola (me regalaron los billetes) y ha sido una gran experiencia. He coincidido con gente estupenda, gente autóctona y otros turistas. Podría contar muchas anécdotas, pero la que me apetece contar hoy tiene que ver con la imagen que veis.

En un principio yo fui a Sao Vicente porque quería ir a San Antao (hay que coger un ferry) pero tenía que levantarme a las 5:50 para ir, así que como estaba muy cansada pasé. Así que el día que iba a hacer otras cosas decidí subir a Monte Verde que no me parecía algo especialmente turístico y porque era salir de las playas. Llegar a Monte Verde para subirlo no era especialmente difícil, cogías un aluguer (o colectivo) que son furgonetas que van dando vueltas hasta que se llenan y te llevan de un sitio a otro. El mayor problema iba a ser la vuelta porque la opción era caminar sola por la carretera hasta llegar a la ciudad. Decidí que resolvería esa cuestión después.

Me preparo para la caminata, mi mochila con agua, cojo el colectivo y me planto en Monte Verde y comienzo a subir y caminar. En mi ascenso me di cuenta de que era la única persona blanca y mujer que hacía el bobo por ahí. Mientras subía todos los campesinos me saludaban y me animaban pero yo estaba asustada. Asustada porque era una blanquita sola y soy una cagona. Yo quería hacerlo pero no descartaba la posibilidad de acabar tirada en una cuneta caboverdiana. Cuando llegué a la cima me sentí muy orgullosa de mi misma, había logrado lo que me había propuesto. Me encantaría poder atesorar ese tipo de sentimientos, guardarlos en un tarro para los días malos, los días en los que el mundo me gana o cuando tengo la regla.

Bajé Monte Verde y me dispuse a ir caminando hasta Mindelo (la capital de la isla). La idea de ir caminando por una carretera de Monte Verde no me gustaba nada de nada, mi esperanza era que un colectivo pasase y montarme. Al final un camionero paró y se ofreció a llevarme y me sentí un poco entre la espada y la pared. El camionero parecía buena persona, pero no soy idiota, sé que es una locura montarme en un camión con un desconocido, lo que sucede es que soy una loca del higo. Me subí al camión y me llevó a mi destino. Nos comunicamos como podíamos pero entendí cuando me dijo que debía buscar a alguien para caminar y que él tenía dos niños.

Tengo un angelito de la guarda.