Asi es mi gata, una pequeña destructora de ojos ambarinos.

El otro día se zampó un filete que había puesto a descongelar, que no escondimos lo suficientemente bien. Oí un ruido y me levanté, cuando llegué a la cocina vi su cara negra relamiéndose y un mini cacho de filete que no había devorado por encontrarse aun bastante congelado. Me miró y la asquerosa hija de satanás se relamió y se puso a acicalarse.

Después descubrí que se había dedicado a hacerle sietes a una de mis faldas preferidas.

A veces me planteo por qué se carga principalmente mi ropa. Por ejemplo a mi gata le encantan las medias, le encanta morderlas y estirarlas y meter sus afiladas uñitas en la ropa. Normalmente no le hace daño a las cosas de algodón... salvo a las mías cuando se le cruzan los cables.

Y ahora andará echada planteando algún tipo de perrería gatuna contra mi, o no. O simplemente, se levante en unos minutos y me busque por la casa y cuando me encuentro saltará a mi regazo y mimosa me exigirá que le haga mimitos.

Dicen que las mascotas se parecen a sus dueños, pero dudo que mi gata tenga dueño