Léeme los labiosLéeme los labios

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domingo 24 mayo 2009

Shattered glass

Érase que se era un hada madrina.

Su piel era blanca como la leche y su naricita respingona. No era la más "cool" ni la más molona, pero era maja y se llevaba bien con casi todo el mundo.

Todas las mañanas se acercaba al estanque, esperando a que una de esas botellitas con patas (esas que contenían dentro el nombre de quien debían cuidar), se acercara corriendo a ella y le diera un abrazo, para comunicarle a quien debía amadrinar.

Esta hadita de rubios cabellos se llamaba Luca y odiaba madrugar y adoraba sentarse debajo de una encina a contemplar el paisaje.

Un día como otro cualquiera se encaminó al estanque, era una mañana soleada pero anodina, se sentó y se puso a mirar a las hadas de alrededor, observó como todas estaban ansiosas.

Mágicamente apareció una botellita, era azul y sus patitas rojas, salió del estanque y se sacudió las gotitas de agua y pasito a pasito se fue encaminando. Luca al principio no se percató de que la botellita se acercaba a ella. Miró primero a la derecha, luego a la izquierda... sí la botella iba flechada. Paso a paso su respiración se aceleraba hasta que la botellita se quedó a unos pocos centímetros, le di un abrazo y pufff se desvaneció. En el suelo quedó un pergamino con un nombre y una dirección.

Luca, rauda cogió su varita, se puso unas alas y desapareció, por fin todo lo que había estado esperando era una realidad.

Llegó a una casa enorme, con unos ventanales que hacían que la mañana inundase el hogar. Se oía jaleo y risas y felicidad por doquier.

Sabedora que nadie podría verla se adentró sin miedo y divisó su objetivo, una cunita.

Se aproximó conteniendo la respiración: un paso, dos, tres, otro más y vio algo que cambió su vida.

Era el bebé más hermoso que había visto en su vida, no sabía decir si era humano o divino.

Había una cantidad ingente de tirabuzones negros como la noche, unos ojitos verdes que la miraron con curiosidad, una boquita de piñón y la nariz más graciosa que en su vida hubiese visto. Luca decidió ese día, que pasase lo que pasase haría feliz a esa adorable niña.

Su niña, además de poseer una belleza peculiar, tenía un don peculiar y era que intuía al hada y a medida que fue creciendo la niña consiguió verla, para alegría de Luca, que se desvivía por hacerla feliz. Cuando fue el quinto cumpleaños de la preciosa querubina, Luca descubrió que no sólo podía verla sino que podían hablar... en ese momento creyó alcanzar el cielo.

Cuando la niña contaba con 8 años de edad, se puso muy triste, su madre enfermó y le pidió a Luca que impidiese su muerte. Luca era un hada, pero hasta las haditas tienen límites y no podía interferer en el ciclo de la vida... La niña pataleó, lloró pero nada se pudo hacer, su madre falleció.

Durante días Luca la veló, no la dejó sola ni un instante hasta que mortificada le preguntó:

- Dime qué puedo hacer para llenarte de dicha.

La niña contestó: "Dame lo más valioso que tengas"

Luca se fue a meditar ¿qué podría darle a la niñita de sus ojos...? Sentada bajo su encina favorita tuvo una idea, no sabía si era lo más valioso, pero era lo único.

Entró en esa casa, como hacía 8 años, sólo que la alegría había desaparecido, buscó a su niñita, le dio un abrazo y un beso y comenzó.

Cerró los ojos y un destello iluminó su pecho, poco a poco apareció un cristal. Era maravilloso, parecía una flor hecha del más fino cristal. Cuando terminó de materializarse, Luca se lo entregó a su niña y le dijo que era su corazón que nada más tenía y que le pertenecía.

Cuando la niña tuvo el cristal en las manos, lo observó llena de satisfacción, lo agarró y colocó junto a su pecho, y, de manera inesperada, segundos después lo estrelló contra la puerta.

Luca comenzó a desintegrarse ante la histeria de la niña, que reía y lloraba al mismo tiempo, nunca podría perdonar que no le diese lo que quería, que su madre volviese.

Con el corazón roto en millones de fragmentos, convertidos en millones de lágrimas, se selló el destino de este hada, que se convirtió en leyenda y en moraleja, nunca le des tu corazón a quien quiere de ti otra cosa.

martes 19 mayo 2009

Pastora

Érase que se era una maravillosa perrita llamada Pastora.

No era la perra más bonita del mundo, ni la más lista, ni de lejos, la más obediente.

Esta perra tenía un problema, su dueño, su amo, no podía estar con ella, porque su madre no le había dejado adoptarla, asi que se pasaba las horas muertas en un garaje, esperando que llegase ese niño de sonrisa pícara y la sacase a pasear.

Los días pasaban lentamente esperando que el niño acabase los deberes y viniera a verla para que al menos juguetease con ella.

Un día llegó un vecino, y vio a Pastora hecha un ovillito, aburrida y sedienta.

El vecinito fue a su casa a por un cuenco con agua y se acercó sin miedo a la enorme perra.

Pastora tímidamente se acercó y bebió.

El vecinito empezó a venir, y siempre traía algo que hacía feliz a Pastora, unas veces un hueso de goma, otras unas croquetas super ricas, un día la lavó, otro día la llevó a un parque enorme....

Y mientras su amo su enfurruñaba por lo poco obediente que era, el vecinito no hacía nada más que repetirle a Pastora lo buena perrita que era y lo mucho que quería que se fuera a vivir a su casa.

Como la puerta estaba abierta, el vecinito siempre que se iba se detenía para ver si Pastora le seguía, pero Pastora no se decidía.

Aun hoy Pastora no sabe qué hacer, quizás el día que su amo no la encuentre se dé cuenta de lo que ha perdido

miércoles 6 mayo 2009

Drops

Me convierto en líquida, pero no en agua.

Me convierto en algo pegajoso, en algo espeso que se pega a tus entrañas...

Poco a poco me voy deslizando y me arrastro por el suelo hasta que goteo en la alcantarilla más cercana.

Intento imaginar cómo sería mi cuerpo sin consistencia, cómo sería ser gelatinosa y me planteo si sufriría o si sería el fin del dolor.

Respiro y soy consciente del aire que entra en mis pulmones y me llena, para, cuando espiro, notar cómo se escapa mi vida, bocanada a bocanada

Ray of light

Y me escondo entre las sombras deseando que venga un rayo de luz a salvarme.

En mi cabeza sé que nunca llegará, pero mi corazón me chilla que tenga esperanza, que aguante...