Los cadaveres se amontonan en el armario, junto a las penas, las dudas, los errores no asumidos, el cansancio, el hastío y el hartazgo más absoluto.

Mientras unas manos penetran en mi pecho arrancándome el corazón me pregunto por qué sigo viva. Notar el vacío es la peor tortura, sé que debería haber algo, pero ¿dónde está?

Me pregunto si se habrá ido (mi pobre corazón) junto a mis esperanzas, mis ilusiones y principios... ¿Estará todo en un mundo paralelo, lleno de sonrisas y mariposas? ¿o se habrán ido a tomar por culo, a la mierda más absoluta?

Chillo, deseando que mi voz estalle los cristales, deseando que los fragmentos salgan volando, disparados hacia mi cuerpo, que me atraviesen y desgarren, que mi sangre cubra el suelo y el descanso eterno cierre mis ojos.