Estaba en la cama, rodeada de sus peluches, abrazada a su preferido, sintiéndose desdichada, sólo como una niña de siete años se puede sentir.

Lloraba y lo hacía bajito para que su hermana mayor no la escuchase llorar, desconsolada, sólo como una niña de siete años puede llorar.

De nuevo en la cena su padre había amenzado con mandarla al baño a comer. Tenía que asumirlo, era una cochina comiendo. Su papá la calificaba de cerdito, por algo sería.

Ojalá pudiera ser una niña buena, ojalá papá se pudiera sentir orgullosa, ojalá esa fuese la última vez que una comida se estropease por su culpa, por no saber comer como una persona.

Cerró los ojos y se prometió soñar con un hada madrina que le concediese el deseo de no volver a escuchar eso de: "¡No sabes comer, como sigas asi comerás en la taza del wc, como los cerdos, que es lo que eres" Pero sabía que las hadas madrinas no obran tales milagros.

Estaba en el salón, a oscuras, comiendo. Tenía ante sí dos sandwiches y un cerebro que devorar. Se sentía sola, tan sola como sólo una adolescente se puede sentir.

Eran las 5 de la mañana y estaba devorando la comida, tenía mucha hambre, después de todo sólo llevaba unas 15 horas sin comer...

El motivo es que había quedado con su novio para darse el lote y luego habían decidio irse de fiesta, a la feria. Cuando su novio le dijo que si no comía nada ella se inventó una excusa.

Claro que tenía hambre, ¿pero y si su novio pensaba que era un cerdito comiendo? Además le sobraban más de dos kilos, asi que pasar un poco de hambre no iba a suponer una gran pérdida.

Lo malo era que su novio podía empezar a mosquearse si seguía sin comer nada cuando estaba con él.

Se sentía perdida, tan perdida como sólo una adolescente podía sentirse ¿qué hacer? Dejó la coca cola en el suelo y miró a través de la ventana, preguntándose si a 500 km de distancia su padre estaría pensando en ella, aunque fuera un instante nada más.

chica triste