Léeme los labiosLéeme los labios

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martes 29 agosto 2006

Érase que se era

Érase que se era una jovencita sola en casa

Érase que se era una jovencita triste

Érase que se era que esta mujercita tenía graves problemas

Érase que se era que su madre y hermana estaban de viaje, para intentar salvar la vida de la madre

Érase que se era que la comida había comenzado a escasear, hacía días que la leche se había acabado, al igual que el pan, la carne y los huevos. Sólo quedaban unos guisantes en el congelador

Érase que se era que la muchacha no podía recurrir a nadie, miedo, vergüenza, prohibición expresa de la madre...

Érase que se era que ella no quería coger su dinero por miedo al futuro, si esa era la situación en ese momento ¿qué sucedería más adelante?

Érase que se era que ocurrió un pequeño milagro y enun bolsillo de un pantalón aparecieron cinco euros

Érase que se se era nuestra amiga sobrevivió hasta el regreso de su familia

Érase que se era que este cuento no tiene un final feliz

jueves 17 agosto 2006

Paz

Su cuerpo desnudo al amanecer mostraba paz. Las cortinas lamían sus pies al compás del viento. Unas flores de azahar desprendían un olor empalagoso que llenaba la habitación.

De improviso el claustrofóbico silencio se rompió por una puerta que se abría y una voz masculina que formulaba preguntas.

El hombre se acercó a la puerta y se quedó observando el cuerpo. La piel blanca, la barriguita, el cuello, el pelo revuelto sobre la almohada, los ojos cerrados y la sonrisa en los labios...

Caminó hasta la ventana y la cerró, para a continuación sentarse en la cama. Alargó la mano y paseó sus dedos por los brazos, por el cuello, los pechos, el ombligo y sólo se detuvo para comprobar que no había ningún tipo de reacción.

Acerco la palma de su mano por su cara, le apartó el pelo y notó que estaba fría. La hija de puta se había suicidado antes de seguir sufriendo. De todo lo que podría haber hecho jamás se hubiese esperado eso.

Se levantó, confuso, tratando de evitar la tentación de abrazarla, o de cubrirla.

Confuso, buscó en el bolsillo de su pantalón tabaco, con tan mala suerte que se cayó. Maldiciéndose se agachó y lo vio.

Había un papel, doblado en el suelo y ponía su nombre, el viento debía de haberlo tirado.

Temblando, lo abrió y leyó: "estoy embarazada"

Furioso tiró el papel, se acercó al cuerpo inerte y empezó a zarandearlo, mientras la insultaba sentía que el amor que instantes antes había sentido se transformaba en odio y más aún cuando ese maldito cuerpo parecía sonreírle

jueves 3 agosto 2006

hache

Había quedado con su mejor amiga. Las dos solas, iban a tomarse unos chupitos, unos cóckteles, iban a hablar y después para casa, no tenían muchas ganas de nada más esa noche.

Y allí estaba ella, en una céntrica plaza, esperando a su amiga, con su falda negra y su camiseta rosa de tirantes, maldiciendo a la persona que llegaba tarde, quizás porque había conseguido ligarse al falso rubio.

Cuando más harta estaba apareció la susodicha, con su negro pelo rizado, su blusa blanca a punto de estallar y se fueron las dos rumbos a la chupitería.

La dicharachera amiga contaba cómo le había ido con el muchacho, las confidencias dieron paso a las risas, las risas al despiste y nuestra protagonista, la de la falda negra se dio de bruces contra una realidad de 1:85, ojos castaños y cara de turista. Por extraño que parezca ambos se quedaron inmóviles y por una fracción de segundo ninguno supo qué decir. Después las disculpas apresuradas y retomar el camino.

Por algún motivo, tras unos pocos pasos, ella se giró y le vio, sonriendo, con malicia.