Miró su cafetera nueva, nueva y roja, roja y blanca. No podría dejar de mirarla porque no dejaba de resultar curioso que justo se hubiera roto la antigua (la de su ex) justo cuando hacía un año de su ruptura.

El tiempo va borrando las huellas, va destruyendo los recuerdos y va aflojando las cadenas, como el refranero popular dice "no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo aguante". Menos mal.

De nuevo su mirada se desvía a la puñetera cafetera que es preciosa. De nuevo su mente vuela. El tiempo da perspectiva, un año, 365 días. Muchísimas vivencias, mucho crecimiento y mucho dolor. Una amiga siempre dice que el dolor da profundidad, ella tiene la sensación de ser una sima.

Le estaban entrando ganas de un café de tanto mirar la cafetera, pero no podía ser, porque era tarde y al día siguiente tenía un viaje. Iba a ser una experiencia, el último viaje fue con su ex y fue un desastre. Lo bueno de viajar con su ex es que las últimas veces "todo es una mierda", así que tenía un entrenamiento para adaptarse a viajar con otras personas.

En este momento además de pasarlo bien en el viaje (imprescindible) tmbién quería ir guapa, quería sentirse guapa, necesitaba sentirse guapa. Así que mientras terminaba de hacer la maleta se había puesto una mascarilla. Mañana iba a ser un gran día.

Dolor de tripa, nervios, expectativas, un nuevo viaje.

Hace año comenzó un viaje, con menos lastre y con la sonrisa puesta a pesar del dolor, porque ya conocemos el dicho "mejor sola, que mal acompañada"