Hubo una vez un maestro juguetero que hacía muñecas preciosas, de ojos grandes y pelo sedoso, de sonrisas de fresa y hoyuelos que destilaban inocencia. Todos los papás y las mamás querían una muñeca de este juguetero, las deseaban y luchaban por ellas.

Un día, el magnífico artesano, creando una de sus obras de arte cometió un error. Creó una muñeca imperfecta con pecas. Desde el momento en que la vió la odió y aunque no le dijo nada a la muñeca ésta lo supo. Ser una muñeca imperfecta entre obras de arte es duro y nuestra (imperfecta) protagonista sufría.

Milagros compartió escaparate con cientos de muñecas, nadie se fijaba en ella y el tiempo pasaba... hasta que una mañana de otoño, una niña de ojos negros se fijó en ese escaparate y decidió adoptarla. Esta niña hermosa había ahorrado durante mucho tiempo y nada más ver a Milagros, se enamoró. Lupita (nuestra pequeña ahorradora) adoraba a Mila porque era diferente, era bonita, era graciosa y era única, el problema es que la muñequita se sentía fea y dañada, creía que no merecía ser amada porque sólo se quiere lo que es perfecto.

Esta historia no tiene final (ni feliz, ni dramático), pero tiene una pregunta ¿eres perfect@?