Trabajar a turnos implica que cuando la gente sale a divertirse tú trabajas y eso es lo que voy a hacer yo, trabajar. Aprovecho el momento para volver junto a mis amados gatos y mi wifi para ver mis series japonesas. Ahora mismo estoy viendo una de una treintañera japonesa, profesora de inglés en Tokyo de la que se enamora el heredero de un templo. Así es niños y niñas, soy una frikaza y desde que estuve en Japón he sentido cierto renacer.

La soledad es una compañía necesaria en ciertos momentos para poner en orden las ideas y también para pillar perspectiva. En otros momentos la soledad es simplemente una jodienda, la gotita que colma un vaso que está rebosando. Al final todo depende del momento y el lugar en el que te encuentras. Uno de mis grandes problemas (quitando el que soy una puta dramática) es que nunca sé dónde estoy ni hacia donde voy.

¿Seré yo? Me encantaría hacer una especie de club de desgraciados a ver si escuchando las penas ajenas yo me animo un poco, pero a lo mejor es mezquino querer escuchar las penas ajenas, o quizás es una manera de no enfrentarme a las mías. Tal vez debería empezar a ocuparme más de mi vida y menos de la de los demás.