Caminé por entre la mierda y acabé de mierda hasta las orejas, me arrastré por el lodo y no hubo quien pasara por mi lado y me viera, tan invisible era que no me reflejaba en los espejos. En vez de persona parecía una bolita de mierda de estas que los escarabajos peloteros hacen y así en una esquinita empecé a acumular polvo, esperando que pasase el tiempo hasta que un día unos ojitos inocentes y una sonrisa sincera se fijaron en esa esfera hecha de polvo. Esos ojos bonitos (que iban acompañados de un cuerpito serrano y una cabeza bien amueblada) pasito a pasito se acercaron y me miraron y entonces salieron unas manos de la nada y me tocaron, me tocaste.

Quizás el mundo no se detuvo, pero algo sucedió, ese toque hizo que mis ojos se abriesen y te mirase ¿quién eras? ¿qué querías de mi? ya no tenía nada, me había quedado hueca, era oscuridad, la llama que calentaba mi corazón se había apagado. Pero aún así no podía dejar de mirarte, tampoco quería, había recuperado mis ojos que habían estado desaparecidos y cerrados demasiado tiempo y algo debiste intuir porque te pusiste a mi altura para que te pudiera observar bien. Con mucha delicadeza tocaste mis pestañas y al hacerlo me emocioné y una lágrima rodó por mi mejilla y entonces seguiste el recorrido de mi lágrima con el dedo y a cada paso mi cara volvía a aparecer, se hacía carne, podía notar la humedad pero sobretodo podía notar el calor que emitías. De improviso tocaste una de mis recién nacidas orejas y apareció el pelo y mientras acariciabas mi cabello sentí como volvía tener cuello y hombros. La diferencia de temperatura entre tu piel y el espacio que nos rodeaba hizo que se me erizara la piel y al darte cuenta me abrazaste para darme calor y obraste el milagro, volvía a tener cuerpo.

Apoyé la cabeza en tu hombro y te devolví el abrazo a pesar de que estaba entumecido debido al desuso, al percatarte de mi lamentable estado me ayudaste a levantarme para que pudiera estirar las piernas y es cuando ambos vimos que estabas lleno de polvo. El miedo me apretó la garganta ¿y si te enfadabas al ver lo sucio que habías quedado por tocarme? ¿y si te dabas cuenta de que era sólo una bolita de mierda?. Me quedé muy quieta esperando a que te fueras, pero te quedaste y me preguntaste... mi nombre, mi historia, mis sueños y yo te lo conté y te pregunté muchas cosas y estuvimos hablando, quien sabe si horas, días y semanas hasta que propusiste ir a un sitio más bonito. Pero yo no podía, como dije antes la llama de mi corazón se había apagado y como todos saben, un cuerpo no funciona sin un corazón que bombee. Te di la mano dispuesta a decirte adiós, no podía retenerte en un sitio tan feo, pero en vez de soltarla e irte la llevaste a tu pecho y cuando lo toqué una llama brotó en las yemas de mis dedos, dedos que esta vez guiaste hasta mi corazón y que lo encendieron. Entonces sí, con el fuego recorriendo nuestros cuerpos nos fuimos sin mirar atrás, sin saber, sin preguntar, simplemente avanzamos.

Desde entonces mi corazón funciona perfectamente, quizás mejor que nunca y hemos andado un pequeño trecho (creo que nos espera un largo camino). He visto soleadas mañanas de invierno, rocío cuajado en flores, veranos calurosos, pero también tardes lluviosas y noches sin luna. El camino no va a ser siempre llano, pero contigo me veo con fuerzas de escalar, nadar y correr, porque aunque no lo sepas, lo has cambiado todo.

                           Gracias.
                       Muchas gracias.
                      Infinitas gracias.