Léeme los labiosLéeme los labios

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viernes 8 mayo 2015

Lo Recuerdo

Es curioso como soy incapaz de recordar nombres, caras o dónde aparqué el coche pero soy incapaz de olvidar detalles, como el frío que hacía cuando ella murió o de la sensación de la lluvia sobre mi piel cuando él me pegó. ¿Será que cuando el corazón recuerda la cabeza no lo puede olvidar?

En mi vida he tomado muy malas decisiones, supongo que la peor fue sentirme una mierda y permitir que me confirmasen mis peores presentimientos. Me sentía mal y me convencieron de que era una mierda y de que no me merecía nada bueno.

No quiero hablar de culpa, pero sí de responsabilidad. Yo no estaba bien y dejé que se acercase a mi alguien que no estaba bien y que necesitaba hundirme para sentirse mejor. Yo sabía que eso iba a acabar mal y acallaba mi vocecita interior que me gritaba que más me valía no verle enfadado. Disculpaba sus actitudes, madre muerta de cáncer, padre que no ejercía como tal desde la viudedad... sentía su pena, sentía su dolor, empatizaba con su situación y disculpaba, disculpaba y disculpaba y al final salí muy mal parada.

Hay momentos en la vida que son definitorios, momentos en que por muy destrozada que te sientes, por muy oscuro que lo ves todo, hay una lucecita, que no viene de fuera, viene de dentro. Probablemente es amor, el amor de tu madre, de tus hermanos y de tus amigos, es tu escaso amor propio que te dice que no. Que no te mereces lo que ha pasado, que no te mereces sentirte una mierda y que no sabes por qué te quedaste al lado de alguien que día a día te empequeñecía pero eso no tiene importancia.

Los errores siempre se pagan y por desgracia el mío no se saldó sólo con el dolor físico. Cuando uno cae tan bajo hay cicatrices que tiran en los cambios de tiempo. Cuando conoces a alguien te preguntas ¿cómo será cuando se enfada? te preguntas si debes contárselo a determinadas personas, a determinados chicos ¿en qué lugar te deja haber sido una mierda y haberte dejado pisotear? También hay una parte en la que te planteas que si no lo cuentas, si no lo recuerdas es como si no hubiera pasado, eso le sucedió a otra persona, a alguien muy distinto a quien tú eres.

Moraleja de este cuento: busca la luz

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Como conté hace unos días hace una semana tuve una hostia con el coche y acabé con un latigazo cervical. Debido a que me mareo y me duele (a veces nada, a veces un poco, a veces un montón) estoy de baja. Debería decir que hasta ayer estaba tranquila de baja, pero a lo largo del jueves mi humor se ensombreció. Lo primero es que pasé muy mala noche con mucho dolor, por la mañana me llamó mi mutua para verme el lunes y por último me llamó una representante del departamento de personal para intentar averiguar si yo sabía sobre qué fecha me iban a dar el alta.

Puede que parezca ilógico o absurdo, puede que no sea comprensible pero me sentí agobiada. No sé cuándo voy a estar bien y no me apetece que me anden preguntando y menos ayer que me dolía mucho. ¿Y qué de decir de mi mutua? Esa que nunca se ha preocupado por mi bienestar y que cuando me rompí el pie no me quiso ni mirar.

Puede parecer exagerado, quizás lo sea pero me sentí presionada para darme de alta y jamás pensé que eso me fuera a pasar a mi. Sé que en mi trabajo las cosas no marchan como deberían, pero esto me ha sorprendido.

Mientras escribo todo esto me tomo mis analgésicos y estoy en la cama, pensando que debo cuidarme, que lo primero es mi salud y que cueste lo que cueste haré todo lo posible porque nada se interponga en mi camino.