Todo cae por su propio peso, las máscaras, las mentiras, las personas. El problema es que para el que ha sufrido el descrédito de un difamador no es suficiente. ¿Qué más da que ahora se sepa la verdad cuando ya no importa? Por suerte y por desgracia, la satisfacción moral de que se reconozca que una persona mintió, que fue tóxica... no borra el dolor sufrido. Es más, por desgracia, muchas veces queda la duda. La mancha de chocolate que no acaba de quitarse con lejía.

Supongo que cuando la vida te hace daño (mandándote hijos de puta) lo único que queda es buscar un sitio donde recuperarse (si es con ayuda, mejor) y seguir el camino, porque el tiempo no se detiene, por mucho que nosotros nos quedemos encerrados en un momento.