Ya no existe esa tienda japonesa en el centro, ni la taza de hamtaro que Lidia me regaló. No existen las bufandas que tu abuela te tejió ni los sentimientos de amor que nos unieron.

Todo lo que se crea se destruye, lo que nace muere, y mientras, el mundo gira... y girando girando aqui estamos, finiquitando lo único que nos une.

Ya era hora.