Hubo una vez una adolescente que siempre que se caía siempre se lastimaba la rodilla derecha. Sangraba y cuando la costra parecía mejorar, volvía a caerse y la herida volvía a abrirse. Como siempre tenía la rodilla derecha malherida pronto empezó a correr el rumor de que estaba maldita, así empezó a juntarse con gente un poco rara. Poco a poco los que creían en maldiciones, en satán, en posesiones demoniacas, en aquelarres, en rituales mágicos se convirtieron en su refugio.

Nuestra pequeña adolescente lloraba, pataleaba y cada vez estaba más convencida de que el mal la acechaba. Se sometió a exorcismos, se puso a merced de curanderas, le hicieron "limpias" y una vez en un ritual le hicieron tanto daño que estuvo en el hospital un mes... un mes en que no se cayó y por primera vez en años su rodilla no tuvo una costra.

Cuando volvió al instituto ya no era "la maldita" ya no atraía a los seguidores de lo oscuro. Tras el primer momento de desconcierto pasó un tiempo de tranquilidad y tras eso la gente que había a su alrededor, su círculo, estaba compuesto por personas maravillosamente normales, no perfectas.

Hoy en día nuestra jovencita es una chiquilla con cicatrices en la rodilla pero sin heridas abiertas que aprendió a levantarse tras cada caída.