A ciertas edades y con determinados círculos de amigos es difícil para una chica como yo encontrar un hombre al que considerar interesante. Así que armándome de valor me hice un perfil en un chat de ligoteo. Perfil, ok, fotos subidas y a ver qué pasa. Los primeros días fue un poco locura, era carne fresca en un ambiente donde al final todos se conocen. Poco a poco, una aprende a filtrar, lo que sí es que en el poco tiempo que llevo he tenido varias citas, la mayoría más bien sosas.

Una de las peores que he tenido fue con un muchacho. Este chico llamémosle a partir de ahora "empresario" era de mi edad, con negocio propio e independizado. Los días previos a quedar me cuenta su vida, yo la mía y me pregunta que si soy femenina. A mi, como esas preguntas me pillan un poco desprevenida, le tuve que peguntar a uno de mis escasos amigos heteros, que me dijo que respondiera que sí.

Llega el momento de la verdad, voy al sitio acordado y espero, sólo había un cheposo, bajito, hablando por teléfono asi que le escribo un whatsapp al chico cuyas fotos parecían de un atractivo hombre, diciéndole que ya estoy. Mientras escribo el cheposo se acerca a mi y me pregunta: "¿Eres XXX?"

Me quedo más muerta que Carmina en el baño. Cualquier parecido entre las fotos y la realidad es pura ficción y además ¿en qué tipo de mundo vivimos que un tío normal tirando a feo que además tiene chepa tiene los santos cojones de ir de superficial por la vida?

Vamos a un bar cercano y pedimos las bebidas. La siguiente hora y media es básicamente él hablando de su negocio, de lo inquieto que es, de lo sosos que son sus amigos, de que Granada es la ciudad del pecado, el desenfreno y la juerga y del dinero que gana. Sus interacciones hacia mi son para preguntarme acerca de mis viajes y para insinuar que tengo mi trabajo por enchufe...

Con la excusa de que el bar cerraba pronto huí hacia mi casa.