Ya sabéis que yo, cada cierto tiempo le dedico una entrada de este blog a alguien. Casi siempre ha sido a alguien que no lo lee, y para no variar hoy también.

Esta entrada está dedicada a un amigo, a una persona que entró de una manera muy tonta en mi vida y que día a día me ha demostrado que es una persona leal, amable, noble y generosa. Una persona que ha aguantado mis tonterías, mis penas, mis lloreras, que se ha preocupado por mi, cuando gente que me conocía de más tiempo y que se suponía que me apreciaba, no lo hacía. Supongo que todo se resume en una frase que le dije hace unos días "hay que ver que lejos estás, pero qué cerca cuando te necesito" Y hay muchísima verdad en esas palabras, porque me ha ayudado en momentos muy duros y también ha estado a la hora de compartir buenos ratos y espero que esté durante mucho tiempo.

Le mandé una felicitación navideña y me ha llamado para agradecérmelo.Para qué engañaros, casi me pongo a llorar. No lo he hecho porque iba a parecer una desequilibrada, pero el que le haya hecho ilusión y el que haya tenido el detalle de decírmelo me ha conmovido. Lo que me lleva a preguntar si de veras exijo tanto a la gente cuando con una llamada de agradecimiento me conformo.

Por cierto, gracias a correos porque la carta ha llegado en tres días (buen trabajo chicos)