Sólo se escucha el ruido del calefactor y eso asusta porque me deja sola con mis pensamientos. Un escalofrío que viene no se sabe muy bien de donde eriza mi piel y suspiro. Suspiro porque me doy cuenta de que ser consecuente con las decisiones tomadas es difícil y doloroso.

La noche avanza y ya no sé cómo engañarme, quizás usé tantas mentiras que las agoté. La melancolía va derramándose sobre mis pensamientos pero no me importa, porque ya he trazado la línea roja y ya, no hay marcha atrás, porque al final lo que cuentan son los hechos y no las palabras.