Pues en esta ciudad es donde he permanecido los últimos días y la verdad es que me ha sorprendido, para bien. Muy probablemente esta grata sorpresa se debe a que todo el mundo me había hablado mal de ella. Ir de viaje siempre es una experiencia, siempre enseña algo (si qieres aprender, claro) y es una oportunidad. Viajar puede servir para reflexionar o para desconectar, para evadirte de la realidad o para sumergirte en ella.

Mañana vuelvo a mi ciudad, mañana comienza de nuevo la rutina y no sé si estoy mentalmente preparada para ello. Ahora estoy aqui, frente al ordenador, pensativa, intentando digerir un frappe más espeso que la niebla en Londres y muy chinada. Chinada por millones de motivos.

Sigo mirando la pantalla sin saber qué escribir, sabiendo que estoy atrapada y que todo sería más fácil si nadie me conociera, si fuera un ente desconocido de internet. Dulce anonimato.

Hago un break en mis pensamientos y me dejo llevar por la frivolidad.