Ahhhh qué felicidad, tengo un día libre, para mi, para no hacer nada, para no madrugar. Me siento feliz y tranquila (aunque mi gata trata de desquiciarme)

Ahora en un ratito iré al gimnasio antes de que me entre la pereza total, porque no nos engañemos, estoy de relax pero tengo que perder los kilos que he engordado. Maldigo mi metabolismo y mi afán por comer. Siempre seré una gorda (aunque adelgace) porque siempre tendré que vigilar lo que como y siempre tendré que mantenerme activa.

Por lo demás decir que esa energía que me acompaña en el avión de vuelta a casa desaparece. Esa sensación de que tengo que hacer algo por cambiar mi vida se diluye en el día a día. ¿Será que se me va la fuerza por la boca o que los sueños no aguantan el peso de la realidad?

Feliz miércoles.