Mientras disfruto de un café con mocos de buena mañana analizo el hecho de que todavía no he digerido la tarta del cumpleaños de anoche. Me da mucha pereza tener que madrugar y muchísima más esta semana, pero es lo que hay. Me gustan estos momentos de soledad, estar tranquila, con la manitas en la taza y la oscuridad acompañándome. Es igual que conducir a las 4am... me da paz. Me siento dueña de la ciudad