Estamos a Martes y yo no me siento mentalmente preparada para ir a trabajar mañana... estoy tan cansada que no me lo creo. El puente empezó mal porque me desperté de un sueño en el que aparecían gatitos muertos y atropellados. Lo peor es que sé el origen de ese sueño: el parking de mi curro es un cementerio de pajaritos. Resulta que se caen de los nidos y los atropellamos. Llevamos unos días en los que no hay más que bichos voladores cadaver.

Si ahora me preguntan qué hice el viernes además de soñar lo que soñé y trabajar no sabría qué responder. Creo que salí, tengo la sensación mental de haberlo hecho, pero ahora mismo estoy tan cansada que mis plomos se han fundido.

El sábado después de poner algo de orden en mi casa me dirigí con media hora de retraso al punto de encuentro con mis amigas para ir a cierto pueblo que eran sus fiestas estos días. Con el maletero lleno y bastante buen humor nos encaminamos a dicho pueblo, yo sin tener muy claro qué iba a encontrarme. El viaje en coche (en el mío) fue bien los problemas comenzaron en el momento de llegar a la casa, la ruta habitual estaba cortada asi que hubo momento estrés que se solucionó cuando la suerte se puso de nuestro lado y nos encontramos a un chico del pueblo que mis amigas conocían. Una vez que llegamos a la sobrehabitada casa yo me sentí feliz. No sé si me he inventado la palabra sobrehabitada, pero me da igual, éramos 20 personas... colchones repartidos por la casa y camas compartidas.

Esa noche como la mayoría de los días me vi envuelta en el proceso de cocinar y/o limpiar... y ese ha sido uno de los grandes problemas, la falta de compromiso de muchos de los asistentes. Somos muchos y si todos pusieran de su parte la coexistencia podría haber sido más placentera. Pero no, por desgracia hay muchas personas acostumbradas a que se lo hagan todo.

Resumiendo un poco porque ando cansada y no tengo fuerzas para escribir a saco diré que el sábado fuimos a la plaza a beber y que no me sentía a gusto del todo. Había mucha gente y yo conocía a muy poca, me sentía fuera de luegar. El domingo, más copichuelas en la plaza, baile (como el día anterior en la discoteca del pueblo) con niños de 10 años que consumían bebidas sospechosas. El domingo ya me sentía mejor, más animada y no sé, mejor. Ayer fueron las fiestas grandes con la sangriada y me lo pasé genial, muy buen rollo, litros de alcohol y un pueblo dándolo todo y en la discoteca mi primera fiesta de la espuma... Hoy ha tocado levantarse e ir a la gran ciudad.. como cansa la vuelta a la rutina.

Un beso