Me alegro de la felicidad de mis archienemigos y no es porque sea una santa, es porque mientras ellos estén bien a mi me dejarán en paz y estarán fuera de mi vida.

Hace poco recordaba cómo en este blog cierta persona se dedicó a insultarme, no sólo aqui si no a través de otros medios y no borré los mensajes y recordándolo me he preguntado ¿por qué? ¿Por qué permití que se me insultase en mi propio blog? ¿por qué no los eliminé?

La respuesta no es fácil, pero creo que tiene que ver con el hecho de que me sentía culpable, pero no por lo que esa persona pudiera (o pueda aun hoy) pensar. Me sentía mal por haber dejado en la estacada a alguien que creía que me necesitaba. Sentía que yo era la útima opción y que le había abandonado, por eso acepté el castigo de ser insultada, puesto que había sido mala, me lo merecía.

Hoy actuaría de otra manera, al menos borraría los insultos, creo que eso es bueno y que significa que me quiero más hoy que hace dos años. Lo cachondo del tema es que pasé de Málaga a Malagón, pero esa es la historia de mi descenso a los infiernos. De todas formas, quiero creer, que tuve que tocar fondo para poder coger impulso y un día quizás volar.