Los viajes a lugares desconocidos son equiparables a la primera vez que te acuestas con alguien.

No sabes exáctamente qué va a pasar y aunque tengas una amplia experiencia (ya sea volando o follando) estás nervioso, piensas en todas las cosas que pueden salir bien y en las que pueden salir mal. Estás expectante, tienes miedo de hacerte ilusiones infundadas y a la vez estás deseando que supere todas tus expectativas. En definitiva son aventuras, que hacen que nos sintamos vivos, que entremos en contacto con partes de nosotros que creíamos olvidadas.