Pues sí, como hoy hago de niñera a tiempo completo (incluida la noche) me he puesto a mirar los libros que tiene mi señora jefa y me he encontrado con "Trópico de Capricornio" Siempre he dicho que tengo una deuda con los clásicos y que hay muchísimos libros que debería haber leído ya, a estas alturas de la vida. No sé el motivo de haberlo cogido hoy, lo llevo viendo años y sin embargo, hoy lo he abierto.

Mientras la niña estaba en inglés, yo empezaba a conocer al señor Miller con un capuchino cuando me he puesto a escribir. No era nada concreto, simplemente divagaciones, algo de ira. Sí, ira, ante la decepción que siento hacia ciertas personas. Personas que me han demostrado que lo que pensé de ellas era cierto y es descorazonador, debería dejar de tener expectativas, principalmente porque no es sano para mi, sólo me lleva a decepciones. Es gracioso como todos al final hacemos lo que criticamos y lo que es peor buscamos excusas para justificar nuestro comportamiento. En ocasiones siento deseos de poner en su sitio a ciertos seres humanos y decirles lo que pienso de ellos, pero ¿para qué? No serviría para nada, sólo generaría conflicto, un conflicto que ahora mismo no deseo. Simplemente, como decía en el artículo anterior, me he de congratular de que esas personas están fuera de mi vida y de que he visto como son.

Avanzaba la hora de inglés y me disponía a irme cuando he visto a una madre desesperándose mientras estudiaba con su hijo y su pequeño vástago me ha dado pena. Entonces me he visto a mi misma, haciendo los deberes con mi niña (la que cuido) y me he preguntado si sería tan pesada y exigente. Ha acudido a mi mente la revelación de que las personas no queremos niños que sean felices, no queremos individuos, queremos a gente que encaje, que tenga una creatividad dentro de lo políticamente correcto, queremos hijos que no nos den problemas y que obedezcan sin rechistar. Damos mucho asco porque queremos replicas mejoradas de nosotros mismos.