Quería agradecer a todas las personas que de n modo a otro me han transmitido su cariño y que me han querido apoyar.

Sé que el final de mi abuela era inevitable y también sé que una mujer con alzheimer, un cáncer de estómago y una úlcera gigante merece descansar, o al menos no sufrir. He sido egoísta, he rezado para que esto no pasase, pero lógicamente las cosas suceden aun a nuestro pesar.

Ahora he de enfrentarme a las consecuencias (no sólo emocionales) de su ausencia.

Un beso enorme a todo el mundo.