Es gracioso, como son las distancias, a veces parecen insignificantes, a veces un mundo. Y como siempre, esta noche he vuelto a llegar tarde.

Mi abuela se ha muerto, me lo acaba de decir mi tio. Mi abuela se ha ido y con ella lo poquito que quedaba de una época muy feliz en mi vida. No es que nos llevásemos especialmente bien antes de que perdiera la cabeza, pero era mi abuela, la madre de mi madre. Con ella bajo tierra empieza una nueva época, que quizás de facto no cambia tanto, pero que me causa mucha tristeza.

Jamás podré olvidar los veranos en Salamanca, los paseos, los sorbetes de mora, los cuentos, las patatas en la chimenea y los libros del Coyote. Esta noche me siento un poquito más sola en el mundo, aunque hace 15 minutos estaba igual que ahora, pero no lo puedo evitar, al igual que no puedo evitar apretar las mandíbulas.

No sé cómo expresar esto que siento ahora mismo, siplemente intento capear el temporal, teniendo fe en que al final todo irá bien. Intento pensar que la última vez que la vi, que ya estaba muy malita me escuchó cuando le dije que perdonaba todo lo que hubiera pasado entre nosotras y que esperaba que ella me perdonase a mi. Se haya convertido en energía, vaya al cielo, o sea lo que sea, espero que esté con mi abuelo y con mi madre.