Por acción de gracias me planteé escribir un artículo dando las gracias, no lo hice y aprovecho ahora.

Gracias a todas las personas que durante el 2009 he conocido, a las que han entrado en mi vida y las que se han ido (por la puerta grande o la pequeña) A mis amigos por estar ahí, siempre, lo merezca o no, esté cuerda o como una campana, me deje ayudar o no; me equivoque o acierte. Gracias niños y niñas míos, por cuidarme, por escucharme, por quererme tal y como soy con mis millones de defectos. A los enemigos también hay que darles las gracias, o yo lo hago, porque me han hecho más fuerte, porque he aprendido cosas de la experiencia de tenerlos en mi vida y porque, incluso, además de hacer daño han aportado cosas buenas.

Gracias al destino, a mi perseverancia, a la suerte o a lo que sea, porque tengo trabajo. Un trabajo en el que a veces me enfado, a veces me río, donde en ocasiones me desespero y dónde por fin hago cosas relacionadas con lo mío. Después de tres años llorando encontré trabajo de mi vocación. Sinceramente dudo que me renueven el contrato pero me da igual, la experiencia y el dinero me lo lleve. Cuando me quede sin trabajo (que creo que será a finales de junio) probablemente viva un poco del paro y me plantee un viaje, quizás hasta me planteo irme una temporada a cataluña a aprender catalán.

La vida es caerse y levantarse, eso lo digo siempre, es una frase que me dijo un taxista hace muchos años y se me quedó grabada y la caída del 2009 fue de órdago, pero el año ha acabado, ahora empieza el 2010 y llega la hora de que coja todo lo aprendido en 2009 y lo ponga en práctica. Hay muchas cosas que debo cambiar, de mi formar de ser y mi forma de relacionarme con las personas que me rodean. Madurar, afrontar las consecuencias de mis actos sin miedo, vivir más el momento en vez de preocuparme tanto por el futuro y ser muy feliz.

Un especial agradecimiento para un taxista que una madrugada de un domingo al lunes, mientras yo lloraba en el asiento de atrás por todo lo que me había pasado me contó que su hija con síndrome de down había tenido una aparición mariana. Simplemente el hecho de pensar en que siempre me tocan los zumbados me hizo sonreír, luego lo analicé y me sentí aliviada. Si dios existe a lo mejor se apiada de mi alma y si no existe hay una niña con síndrome de down que ve a la virgen.

Buenos días