Acabo de ver en un vídeo como tiraban un cócktel molotov y me he dado cuenta de dos cosas.

La primera, que quiero tirar uno, porque no es propio de mi, porque debe de ser relajante, porque el ver como todo estalla en mil pedazos y aparece el fuego debe ser liberador.

La segunda, de que soy como un cócktel molotov esperando a que la fuerza me empuje hacia tu pared y estallemos los dos, quiero que acabemos abrasados, quiero quemarme, quemarte.

No saldremos bien parados, nadie, ni el brazo que coja impulso para destruirme, ni la pared, ni yo, pero que la rueda del destino gire.