Mr jekill y Mr hydeMientras observo mi mirada en el cristal de una mugrienta furgoneta me doy cuenta de que el rimel se ha corrido. Sé que no será la última vez, sé que da igual cuanto lo intente porque el listón que he puesto, que me he puesto, es demasiado alto.

Me he encerrado en el cuarto de baño y estoy conteniendo las ganas de reventar el maldito espejo de una ostia. Con mi mano tapo el reflejo de mi cara. No quiero mirarme, no quiero verme, sólo veo a una cobarde, a una niña asustada. Tengo que salvarme a mi misma, esto no puede continuar así.

Aparto un poco la mano y entre las huellas de mis dedos veo unos ojos vidriosos, una cara roja y mucha tristeza, mucho vacío, mucha nada.

¿Cuándo empecé a tomar las decisiones equivocadas? ¿Cuándo me convertí en un cervatillo asustado? Intento romper el círculo vicioso. Ese círculo en el que me fustigo y me convierto en víctima de mi misma.

Miento a los que están a mi alrededor y a mi misma. ¿Cómo puede dolerme tanto el pecho ahora mismo? Quizás sea la lanza que me he clavado a mi misma.