Érase que se era un libro.

Era un libro corriente, ni muy sencillo ni muy complicado; ni muy gordo ni muy fino; ni muy estropeado, ni nuevo. Era un librito de esos que siempre pasan desapercibidos en las librerías.

El libro narraba una historia triste. Era una chica que se enamoraba de un chico. El chico también estaba enamorado de ella, pero su amor era imposible.

Era imposible porque había varios mundos que los separaban y aunque a veces se abrían portales, la distancia que los separaba era demasiado grande.

Por desgracia ese no era el único de sus problemas... porque no eran compatibles. Ella era hija de la oscuridad, del miedo, de las dudas y él era hijo de la pasión, de la luz, de los sueños.

Y esta historia de amor acababa muy mal, con mucha sangre de por medio.

El libro sabía que su historia no era la ideal, que a los chicos les parecía muy sensiblona y a las chicas demasiado triste, pero deseaba que alguien lo tuviera entre sus manos, que unos dedos acariciasen dulcemente sus páginas e incluso que unas lágrimas emborronasen sus letras.

Pero por desgracia el libro veía como día a día para todo el mundo pasaba desapercibido...

¿Cuanto tiempo aguantaría el libro hasta que sus letras se perdiesen para siempre?