Me dejo llevar por la música, dejo que mis músculos cansados se muevan al son del ritmo y sueño con lo que no soy.

Sé que no soy cómo debo, sé que soy un error, pero hasta los errores soñamos con ser felices.

Mientras voy y me sirvo una copa de vino y la paladeo me muevo por el salón.

Mis caderas se mueven, se balancean lentamente y cuando más a gusto estoy veo mi reflejo en un cristal.

Ashes to ashes, la copa se estrella contra el cristal y el tinto oculta mi imagen.

Me arranco la ropa y la tiro en el primer sofá que encuentro. Me quedo en ropa interior y me miro en la tele apagada.

¿Esa soy yo? No me reconozco en el espejo, yo no debería ser. Me giro, me miro de perfil y me examino. Soy una juez muy crítica.

Mientras el frío corta mi cuerpo y endurece mis pezones me niego a taparme, debo seguir odiándome, debo seguir regodeando en mis defectos…

El silencio se hace opresivo y llega a ser insoportable.

La calma de la noche sólo es rota por las lágrimas que surcan mi cara…