El día que me quedé a cuidar de la niña a la que cuido vi que mi jefa tenía un recorte de prensa de una especie de escuela de padres, en el sentido de que eran padres y madres en un aula, con un psicólogo compartiendo sus problemas con sus hijos e hijas adolescentes.

Después de leer atentamente el artículo llegué a la conclusión de que sin más información lo único que tenía claro es que estos padres esperaban milagros.

Esperan que con 15 años y después de haberse criado con la televisión les salgan unos angelitos. Quieren que después de llover en vez de salir setas salgan personas maduras y responsables. Pero para eso hay que trabajar mucho.

Lo que no sirve es pedirle a una persona que lleva toda su vida haciendo lo que le da la gana que cambie porque para nosotros y nosotras es ya un problema. Cuando un niño o niña es pequeño y hace lo que quiere hasta que nos molesta le chillamos, ejercemos el poder de manera despótica (porque yo lo digo) pero cuando es un adolescente más alto que nosotros ya no podemos, los berridos ya no le asustan a él, nos asustan a nosotros.

Entonces queremos poner límites, pero es tarde.

Personalmente creo que ciertos límites son necesarios, ciertos hábitos. Por ejemplo mi jefa ha acostumbrado a mi niña a que por la tarde tiene que hacer algo, colorear, buscar diferencias, leer, escribir frases (este año ha empezado a aprender a leer) y el otro día después de comer me quedé dormida en el sofá y cuando me desperté ella sola se había puesto a hacer actividades

Pero más allá de esto que puede ser anecdótico lo más importante es que las personas aprendemos lo que vivimos. SI nos dicen que respetemos y no nos respetan, será más complicado que nosotros lo hagamos. Un ejemplo más cotidiano, si le decimos a un niño o niña que debe cruzar cuando el semaforo está en verde para nosotros pero cuando vamos de paseo nos lo saltamos ¿qué le estamos enseñando?

El trabajo de ser padre o madre no es fácil. Cuidar a un niño es la mejor concienciación para usar métodos anticonceptivos. Lo puedo asegurar, es duro, esos días que llegas reventada de las clases y te tienes que enfrentar a una niña de 5 años que reclama tu atención, que quiere jugar, que quiere hablar, que un día se levanta de mal humor... Y esas veces en las que estás tentado a darle lo que quiere con tal de que pare de llorar. El problema es que si cedes estás perdido.

Para ser padre o madre no basta con tener dinero, hay que tener las ideas muy claras y mucha fuerza.