Pero eso no es digno de mención, últimamente lloro incluso cuando consogo abrir un tetrabrick sin tijeras.

Mi gata también está rara, se sienta en mitad del pasillo y lanza unos quejidos lastimeros ¿qué le pasará, será la edad gatuna?

Hoy he llorado con mi jefa, mientras recordábamos a una persona que no está, mientras pienso en mi acto de graduación y en las ausencias, mientras me planteo si hay vida después de la carrera.

En Sevilla ya hace calor, la gente empieza a disfrutar de las noches y yo pienso. Pensar se me da muy bien, deberían pagarme por ello.

Empiezo una nueva etapa de mi vida, y me está costando lanzarme a la piscina.

Sevilla, ciudad que detesté durante años. ¿Podré quedarme a vivir aqui? ¿Tendré que emigrar?

No importa cuánto me preocupe por adelantado, cuando llegue el momento seré capaz de afrontar lo que venga (o lo que no venga)