Pues yo tenía un amigo que se llama ba Joaquín.

Era un amigo con el que pasé por muchas cosas, al que quería con locura, era un colega, alguien con el que me reía, con el que podía llorar.

Lo tenía porque un día, sin darme explicaciones me dejó de hablar, de eso hace tres años. Hubo llamadas telefónicas e intenté que me explicase que había sucedido.

Alguna vez que le vi por la calle intenté acercarme y no hubo respuesta, sólo silencio. Poco a poco, desplante a desplante, silencio tras silencio, la amistad que había por mi parte se transformó en ira.

Tres años después, hace sólo unos días, soñé que me reconciliaba con él y cuando me desperté lo hice sintiéndome feliz, con la sensación de que había recuperado algo, por desgracia como dijo Calderón los sueños sueños son. Y me entró morriña al recordar los tiempos que había pasado con él, los buenos y los malos. Como mi primer novio o la primera chica que le gustó.

Al amigo Joaquín le tengo que pillar por banda, ya no puedo soportar que agache la cabeza cuando me ve, es hora de que me lo encuentre y aclaremos lo que sea. Necesito saber el motivo, la importantísima razón que le empujó a tirar nuestra amsitad por la basura. Esta vez, cuando le vea, no le dejaré irse con las respuestas. Merezco saber la verdad.

Lo malo, es que aunque volviéramos a hablarnos el colega, el amigo incondicional se fue hace tres años y jamás podrá volver.