En primero de carrera, en Antropología de la educación el profesor distribuyó una serie de cartulinas, con aseveraciones del tipo: "soy un ciudadano del mundo", "soy cosmopolita", "soy apátrida", "no tengo hogar", por la clase. Y cada persona debía ponerse donde estuviese la cartulina que más le representase.

Yo elegí, una que decía "no soy de ningún sitio" y "soy apátrida" La verdad es que la escogí más por la primera aseveración que por la segunda. Fui la única que lo hizo, el resto de mi clase se dividió entre "soy cosmopolita" y algo asi como "pertenezco a mi ciudad"

El motivo por el que no me considero cosmopolita es porque considero que aun me queda mucho por vivir, mucho por conocer y demasiados lugares por disfrutar.

No soy de Sevilla, porque no nací aquí, no me siento sevillana. Tampoco me siento de Lanzarote (donde nací) porque nadie de mi familia es de allí y desde que tengo 8 años no he vuelto. No soy salmantina aunque los veranos más felices (y los más tristes) los haya pasado allí. No soy madrileña por mucho que la mayoría de mi familia esté allí.

Por todo esto soy una apátrida, pero eso me da un poco igual, lo que a veces me hiere es sentir que no tengo un sitio al que llamar hogar. Un lugar donde sentirme protegida, supongo, del mundo cuando se pone feo y asusta.

Los que habeis leido mi blog ya sabreis que soy muy melodramática, no lo voy a negar, es parte de mi y ya he negado suficientes partes de mi a lo largo de 22 años como para continuar haciéndolo.

Pero volvamos al tema que como siempre divago... Es cierto que no tengo un hogar, es cierto que eso me asusta, pero también lo es que tengo mucha libertad para decidir mi destino.

Ahora releo lo que he escrito y no me convence, pero si lo he escrito es por algún motivo, aunque mi razón no lo comprenda