una rosa y un vaso rotoYo me aferro a las cosas, a los objetos. Lo hago, a las cosas más tontas, a la ropa.

Es irracional, sobretodo porque no tengo una casa inmensa donde guardarlo todo, por eso lloré cuando un amigo mío rompió uno de los últimos regalos que mi madre me hizo.

Cada cosa guarda en su interior una esencia, algo que emana de su interior y que te transporta, a momentos dulces, o agrios, sola o acompañada, pero es un viaje hacia la persona que era.

Yo he cambiado mucho en dos años, demasiado y ver esas cosas que me recuerdan cómo era y cómo no volveré a ser es... masoquista, pero lo echo de menos. Echo de menos no tener tantas preocupaciones, el no tener tantas responsabilidades, obligaciones, el reírme, estar con mis amigos y amigas.

He perdido mi rumbo y aun busco cómo encontrarlo. Sé que no tiene sentido mirar hacia atrá cuando hay que caminar hacia delante, pero aún no soy capaz de evitarlo