Acabo de ver un capítulo de Sexo en Nueva York y se me ha ocurrido este artículo.

La amistad es sumamente difícil, sobretodo cuando hablamos de amistad desde la niñez. Esto es porque las personas cambiamos, todas. Muchas veces conectar cuando las personas han cambiado tanto que ya ni se conocen es sumamente difícil.

Durante mucho tiempo pensé que mis amigos y amigas eran superiores moralmente al resto de los mortales. Con el tiempo me he dado cuenta de que somos como el resto de la humanidad. Nos equivocamos, a veces mentimos, somos egoistas, pero yo les sigo queriendo, porque sí. Les quiero por lo que son, no por la imagen que tengo de ellos o por como me gustaría que fueran.

Les quiero, como ellos a mi porque somos cínicos, amables, duros, protectores, egoistas...

A mis amigos, los de verdad, los que no leen este blog les quiero decir eso que normalmente no decimos porque damos por supuesto. Les quiero aunque a veces me saquen de mis casillas. Les quiero aunque esté agobiada y sienta que mi vida se derrumba, les quiero aunque estemos separados y les quiero aunque ya no sea la chica que era antes, aunque ahora sea más seria y tenga un poco más de veneno en mi lengua bífida. Les quiero aunque no siempre haya sabido estar a la altura y ellos no hayan podido acompañarme.