Sí, lo admito, soy contradictoria, pero al menos soy sincera.

Hace unos días lloraba por los rincones porque iba a volver a trabajar ¿verdad? Pues bien, hoy he ido a por el uniforme y al pasar por la pista y ver los aviones de la compañía aérea en la que trabajo me sentí feliz.

Luego no me sentí tan feliz al probarme el uniforme, es de esas cosas que saca a la superficie todas mis inseguridades. Me sentí muy fea ante el espejo, y más fea porque al probarme la falda vi todo las imperfecciones de mi cuerpo.

Volvamos al tema de la emoción que me embargó al ver a mis aviones. Personalmente creo que es porque mi empresa utiliza técnicas un poco de secta. Primero te somete a dos semanas de un curso intensivo para aprender a facturar (con seis horas de curso al día de sábado y domingo tu vida se resiente), después te despoja de tus señas de identidad más externas (la indumentaria) y luego te somete a condiciones de estrés insufribles con lo que se forma espíritu de equipo. Por último los horarios en los que trabajas de 5.30 am a 9.30 am los fines de semana hace que tu vida social decaiga. Está todo pensado.

Es más, cuando, yo estoy con mi uniforme no soy persona, no me siento persona, soy una empleada.

Por ejemplo durante un tiempo me gustó más facturar que embarcar y esto era porque facturando hay un mostrador de por miedo y simbólicamente era una distancia, mientras que al facturar estaba con los pasajeros, no había donde refugiarme. Esto era importante porque lo pasaba muy mal cuando un pasajero me chillaba. Mi primer mes de trabajo era sufrir constantes dolores de estómago de los nervios que pasaba.

Asi que nada que trateis bien a las personas que os facturen que no tienen la culpa de que vuelo se retrase ¿ok? Y ya os contaré cómo evoluciona mi estado de ánimo.

Una mariposa preciosa