Lo reconozco me alegro de la desgracia ajena, al menos de ciertos personajes que en algún momento estuvieron en mi vida y me causaron dolor.

No es la mejor actitud, ni la más sana, pero es la mía.

Supongo que no soy una persona feliz y por eso me alegro de que a los imbéciles estos que me odian y a los que yo odio les pasen pequeños revesos. Y eso es triste, pero no gano nada poniéndome una careta y fingiendo que soy buena, no gana nada engañándome a mi misma.

Quizás el primer paso para lograr ser feliz (siempre teniendo en cuenta que la felicidad no es un destino sino una forma de viajar) sea aceptarme, como soy. Ya sea fea, guapa, mentirosa, egoista, generosa, contradictoria, soñadora... Quizás sea la única manera de crecer y llegar a ser algo mejor de lo que soy.